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SECCION: NOTA DE TAPA
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Transición energética y oportunidades de inversión en Argentina

¿Oportunismo o realidad?


El panorama de oportunidades y mercados es hoy tal vez más amplio que nunca pues nada obliga a avanzar en direcciones contradictorias en términos de continuar explotando hidrocarburos y avanzar en profundizar en el uso de energías renovables, junto al desarrollo de nuevas líneas de vectores de energía, insumos para producción de baterías y otros productos.

A nadie escapa que la pandemia ha desatado un renovado énfasis acerca del cambio climático y, por lo tanto, ha señalado la necesidad de acelerar la transición energética hacia escenarios de cero emisiones para los años 2050-2060.

Esta circunstancia compuesta por dos fotografías, una actual y otra hacia el final en 30 o 40 años, requiere del guion de “la película” y ésta dependerá de cada país. Aunque la Argentina da cuenta de solo 0,6% del total de emisiones de carbono, ha adherido con gran entusiasmo a emprender su propia transición, pero también a colaborar con este proyecto a escala global y así lo proclama.

Sin duda detrás de ello existen dos tipos de motivación: a) la afinidad discursiva con los sectores políticos del mundo que pregonan la urgente necesidad de acelerar el cambio de paradigma energético y tecno-socio productivo; b) la necesidad de atraer inversiones extranjeras, tarea que se asume es más fácil si ellas se hallan vinculadas con acciones que buscan reducir las emisiones de carbono e incrementar la producción “verde”.

No obstante, dado el peso que a futuro tendrán estas cuestiones para el comercio exterior, también existe una motivación pragmática para avanzar en esta dirección.

  1. el papel que jugaría explotar Vaca Muerta aprovechando tanto la ventana de gas por ser el combustible estrella de la transición;
  2. aprovechar al máximo la ventana petróleo en vista de que su demanda no caerá tan rápido como se ha hecho creer;
  3. Intentar extender en todo lo posible la participación de fuentes renovables (eólica y solar) en nuestra matriz energética;
  4. 4-incursionar en la industria del hidrógeno en todas sus formas, aunque mejor si se trata de hidrógeno verde, como en el caso del proyecto de Fortescue en la provincia de Río Negro - donde su finalidad sería producir amoníaco verde para la exportación -;
  5. tantear la posibilidad de incursionar en la producción local de vehículos eléctricos y de otras modalidades de electromovilidad, pero también de otros artefactos vinculados a industria 4.0; y
  6. Explotar el litio, visto como insumo que será fuertemente demandado para su uso en baterías.

Muchas de estas iniciativas pretenden también incentivar la investigación y el desarrollo de tecnologías dentro del país, aunque los fondos asignados a estas convocatorias como aportes no reembolsables son de escasa magnitud para lograr obtener resultados exitosos. Asimismo, aunque estos esfuerzos son valorables, se inscriben mas en una retórica que en una verdadera vocación de lograr un cierto grado de desarrollo tecnológico local que no quede a medio camino como ha sucedido en el pasado.

Es que, por una parte, la vocación de asociatividad de los actores que participan en estos desarrollos es muy baja y corresponden a actores con intereses y capacidades disímiles. Por otra parte, hay poca coherencia entre objetivos y medios. Por caso, es llamativo que entre los proyectos asociados a la explotación del litio no se hallen los asociados a la producción de hidróxido de litio cuya demanda futura superaría a su oferta, mientras que estaría ocurriendo lo opuesto en lo que a la producción de carbonato de litio concierne.Tampoco son siempre coincidentes los intereses de las provincias y los de Nación, lo que suma dificultades en casi todas las áreas de decisión.

Todo esto implica que a la fecha no existe una planificación indicativa seria, ni instituciones a la altura de tales desafíos. Por consiguiente, son por ahora intentos de diagnosticar capacidades en estas nuevas áreas. Nuevamente aquí es que las inversiones necesarias se buscan en el exterior y entonces vienen las controversias sobre sus condiciones, sobre el aporte neto de divisas, las contribuciones al desarrollo local, las implicancias para el modelo extractivista versus el industrial y otras por el estilo no menores en términos del licenciamiento social.

El rumbo de vaca Muerta
En el caso de Vaca Muerta pareciera haber un cierto consenso respecto a integrar cadenas de valor con la participación de empresas pequeñas y medianas, la necesidad de ampliar la capacidad de transporte, alcanzar el autoabastecimiento y aún exportar a países vecinos sobre todo porque existen mercados potenciales y los aportes del gas boliviano a la región pueden disminuir.

Sin embargo, el contexto regional y mundial es complejo a lo que se suma el hecho de la fragilidad macroeconómica de la Argentina y la resolución, entre otras cosas, de las políticas de precios y subsidios que vuelve a pesar sobre el financiamiento público.

En tal sentido, uno de los mayores problemas continúa siendo el elevado costo de generación eléctrica que en promedio ha sido muy cercano a los 70 U$S por MWh en todo el período 2015-2021, con un mínimo por encima de los 50 U$S por MWh y un máximo de 90 U$S por MWh. Cabe decir que, a pesar de los ajustes del precio sancionado en el MEM, éste ha sido en promedio de 31 U$S por MWH, con mínimos de 11 y máximos de 54 U$S por MWH.

También, cuando observamos que la producción de petróleo es en 2021 aun 5% inferior a la de 2015 y la de gas solo 5% superior a la de aquel año, a pesar de la creciente participación de los no convencionales en ambos productos -y de que YPF parece haber crecido más en la explotación de petróleo que en la de gas-, surge con claridad no solo que poco se ha logrado a la fecha, sino la dificultad de fijar rumbos claros para la producción según los perfiles orientados al gas y los orientados al petróleo, tanto más cuando los precios de este último se incrementan.

En cuanto a las energías renovables su participación en la generación eléctrica fue, en octubre de 2021 del 15%, la acumulada en lo que va del año un 12% y la meta es llegar al 2025 con un 25%.

Por otra parte, el elevado costo de la generación eléctrica es también un obstáculo para producir hidrógeno verde a precios competitivos.

En síntesis, el panorama de oportunidades y mercados es hoy tal vez más amplio que nunca pues nada obliga a avanzar en direcciones contradictorias en términos de continuar explotando hidrocarburos y avanzar en profundizar en el uso de energías renovables, junto al desarrollo de nuevas líneas de vectores de energía, insumos para producción de baterías y otros productos.

Sin embargo, la clave para aprovechar estas oportunidades conlleva grandes desafíos en términos de construir una visión estratégica compartida, de gobernanza, comunicación, obtención y asignación de recursos financieros y humanos, desarrollo tecnológico, de infraestructura y logística, además de un gran esfuerzo colectivo para lograr estabilizar las señales macroeconómicas sin las cuales tampoco resultará sencillo mantener una cierta estabilidad política, jurídica y normativa.

El no hacerlo podría conducir a una compleja sumatoria de proyectos e iniciativas carentes de un marco coherente y, en consecuencia, a sumar más problemas a los ya existentes.


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