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SECCION: NOTA DE TAPA
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La guerra en Ucrania y su impacto energético

A las restricciones logísticas de la producción local para evacuar más gas no convencional de Vaca Muerta se le suman las incertidumbres macroeconómicas de una industria entrampada en el corto plazo, que reinvierte flujos de las operaciones locales y que tiene bloqueado el acceso al mercado de capitales.

Todavía no sabemos si la invasión rusa a Ucrania puede derivar en un conflicto bélico generalizado y extendido en el tiempo. Si el conflicto queda localizado a la región invadida y es acotado en el tiempo, el trastorno que experimentan los mercados de commodities tenderá a aplacarse con el paso de los días y la normalización de las transacciones. Caso contrario, las alzas de los precios de las materias primas y la salida de capitales del mundo emergente (flight to quality) va a acentuarse y a retroalimentarse.

Por el lado de los granos, la Argentina sale favorecida. Ucrania ocupa el primer lugar en el mundo en exportaciones de girasol y aceite de girasol, el segundo lugar en el mundo en la producción de cebada y el cuarto en exportaciones de ese grano. Es el tercer mayor productor y cuarto mayor exportador de maíz en el mundo. Es el octavo exportador de trigo en el mundo. Estas y otras producciones primarias ucranianas quedan restringidas por la duración y extensión del conflicto. Los precios agrícolas van a ser sensibles a este shock negativo de oferta. Todo un desafío para el potencial productivo agropecuario del país.

Pero la balanza energética argentina el año pasado fue negativa (importamos más de los que exportamos) y las noticias del impacto de la guerra sobre la cotización del crudo (pasó los 100 dólares por barril) y los precios spot del GNL (tocaron los 46 dólares el MMBTU en el mercado europeo) dejan sabor agridulce. Es cierto que estamos exportando más crudo y ese negocio se beneficia por las nuevas señales de precios; pero también es cierto que este año vamos a tener que importar más barcos de GNL (alrededor de 70 respecto a los 56 del año pasado).

Los 56 del 2021 se importaron a un precio promedio de de 8.33 dólares el MMBTU y se estimaba que los de este año se importarían a un valor promedio de 25 dólares el MMBTU. Sobre la base de esa información la factura de las importaciones de gas por barco hubiera aumentado unos 2800 millones de dólares respecto al año anterior. ¿A cuánto se puede ir ahora si hay que rehacer los cálculos tomando un promedio de 30/35 dólares el MMBTU? La mayor importación de GNL se concentra en invierno porque Bolivia nos va a exportar lo menos que pueda (Brasil, ya sin contrato, ahora le ofrece un mercado que compite con los precios de importación extravagantes de este contexto de incertidumbre), y porque la economía argentina, aún estancada, va a demandar más gas que el año anterior (crecimiento de arrastre estadístico).

Tampoco prevemos mayor reacción de la oferta doméstica de gas. A las restricciones logísticas de la producción local para evacuar más gas no convencional de Vaca Muerta se le suman las incertidumbres macroeconómicas de una industria entrampada en el corto plazo, que reinvierte flujos de las operaciones locales y que tiene bloqueado el acceso al mercado de capitales. El déficit energético y las cotizaciones de guerra que reflejan el crudo y el gas en el mundo tampoco son una buena noticia para la paz administrada entre productores petroleros y refinadores de productos para el mercado argentino. El divorcio de los precios domésticos del crudo y de los productos finales respecto a las referencias internacionales se agiganta. Los productores no integrados pujan para exportar todo el crudo posible aprovechando las nuevas referencias internacionales, y los productores integrados reciben presiones para seguir subsidiando (subsidio económico todavía sin impacto presupuestario) el crudo local de manera de mantener márgenes aguas abajo que permitan sostener el atraso de precios de los combustibles en surtidor respecto a los precios de los combustibles importados.

El blend promedio de nafta y gasoil en las estaciones de servicio ya se transaba un 30% por debajo en promedio de la paridad de importación de esos refinados antes del conflicto. Los desajustes y distorsiones que introducen las nuevas referencias internacionales requieren replanteos en la cadena de valor donde los precios finales en surtidor van a tener nuevos retoques. La contracara de forzar lo que está para que siga, puede derivar en menos inversiones, desabastecimiento en algunos puntos de la cadena de suministro, y mayores importaciones de combustibles a los precios internacionales que queremos ignorar.

Es lamentable que en estos años hayamos vuelto a entrampar el sector energético en el corto plazo. Las restricciones de gas en Europa y los precios de guerra del gas y el petróleo abren oportunidades de negocio a la petroquímica argentina inimaginables unos años atrás. Descartábamos la posibilidad de acceder al mercado del GNL, pero ahora Europa está obligada a cortar el cordón umbilical con el gas ruso (40% de sus importaciones tienen ese origen). Proyectos antes inviables ahora deben ser revaluados.

Pero el presente nos acosa. Tanto sumar corto plazo, pagamos las consecuencias con una doble factura: una, la relacionada al daño emergente de tener que pagar carísimo el gas importado que podríamos haber desarrollado nosotros en un contexto de economía estable y reglas predecibles; otra, la que contabiliza el lucro cesante de oportunidades de negocios que se pierden por no haber desarrollado todo el potencial hidrocarburífero con que contamos.

Escenario complicado
Daniel Dreizzen, Director de Energía de Ecolatina también avizora un panorama complicado, pero ese sentido diferencia dos grandes cuestiones que está relacionado con el incremento de los commodities.

Lo negativo, es que "la invasión a Ucrania no va a pasar desapercibida para Argentina, especialmente en el precio internacional del GNL. Este año se importaron U$S 1.000 dólares a U$S 8 MBTU. Hoy, ese precio está en U$S 40. El año pasado Argentina registró un déficit en su balanza comercial energética de $ 1700 millones de dólares, pero este año esa cifra treparía a los U$S 4.000 millones", señaló a este medio.

Y adviertió que "hoy el país podría ser un gran exportador de gas porque el recurso está en Vaca Muerta y en grandes cantidades, pero la falta de infraestructura y de inversión ha convertido este escenario en un problema, en lugar de una oportunidad".

Lo positivo, según admitió, es que "el aumento del precio internacional del crudo va a favorecer el clima de negocios y de inversiones a nivel local".




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