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SSECCION: TRIBUNA ABIERTA
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Transición energética y cambio de paradigma

Este capítulo plantea un paradigma de la energía y de la transición energética que apuesta por un cambio de sistema, una conversión de las relaciones que nos vinculan como especie y con la naturaleza. Esta concepción de la transición no es aun internalizada por la sociedad.

La transición es solo vinculada al cambio de las fuentes energéticas, es decir a la transformación de la matriz energética. Hay una multiplicidad de opiniones e intereses de cómo conseguirlo, es decir de como jugara la nuclear, como evolucionaran las renovables y las tecnologías de almacenamiento, y últimamente el H2 como nuevo vector energético. Por último se ha trabajado en el rol de la eficiencia energética como opción.

La mayor parte de los discursos se centran en la transición verde y su compatibilidad con un crecimiento a perpetuidad y el consiguiente desacople con las emisiones del CO2 Y CH4, manteniendo obviamente el actual estado de bienestar. Es improbable perpetuo y verde con los actuales niveles de consumo.

Las energías renovables como por ejemplo la eólica y solar requieren para su cristalización materiales como cobre, zinc, aluminio, y consumo de energía, todos los cuales son finitos.

Por otra parte la ubicación de las opciones renovables o fósiles se sitúa lejos de los centros de consumo con lo cual las redes de transmisión de energía son extensas. Es decir el sistema de transmisión de energía consume energía y cuanto más extensa más consume. Aquí es fundamental profundizar sobre la generación distribuida.

El sistema energético dispone de una oferta y una demanda y en general hablamos de la oferta y muy poco de la demanda pues además tiene poca prensa “no vende”. Para que la transición energética sea sustentable la demanda también debe ajustarse. El abandono de los fósiles no debe llevarnos a falsas soluciones que por ejemplo profundicen el extractivismo sin contemplar el ambiente y las comunidades que viven en la proximidad de los yacimientos.

Cuando hablamos del litio (a él nos referimos) queda claro que no los estamos equiparando en insustentabilidad a los fósiles pero si merece algunas reflexiones.

El litio presenta la ambivalencia de estar por un lado vinculado al viejo paradigma del neoextractivismo depredatorio, pues requiere un consumo insustentable de agua, destrucción de la biodiversidad y afectación seria de los derechos de las comunidades próximas, y por otro se encuentra asociado al nuevo paradigma energético por su vinculación a las energías renovables.

Para que este nuevo paradigma resulte positivo debe basarse en la construcción de la cadena de valor con base en nuestro sistema de ciencia y técnica, y además que contemple los derechos y participación de las comunidades de los territorios donde se localizan los yacimientos. Por ahora eso no se verifica. Reitero aquí que la transición energética es mucho más que el cambio en la matriz energética.

Por ejemplo las importantes conclusiones del IPCC prácticamente no se conocen por el gran público y deberían ser difundidas insistente y reiteradamente, puntualizando y las consecuencias que tendrá el actual modelo de consumo, de modo de poder impulsar su reorientación y democratización a fin de reducir el consumo de los sectores de mayor capacidad contributiva y elevar el deprimido consumo de los sectores más postergados.

Debemos profundizar las políticas de eficiencia energética de modo de hacer lo mismo con menos consumo de energía. Debemos modificar el modelo de transporte reconstruyendo la red ferroviaria y la flota fluvial y mercante.

Actualmente el 88 % del transporte se concreta mediante medios fósiles. Estas acciones permitirán reducir notablemente el consumo de fósiles y disminuir la presión sobre las fuentes y el sistema energético. Reducir el crecimiento desbocado de “usar y tirar” e impulsar un menor consumo más relocalizado y más basado en reparar y reciclar.

Es decir se debe reorientar el crecimiento pasando del cuantitativo al cualitativo. El crecimiento exige cantidades de energía crecientes y este debe reorientarse hacia la oferta local, es decir distribuida, por lo arriba expuesto. Esta necesidad de cambiar el paradigma comienza a instalarse en sectores del poder como advertencia puesto que de consolidarse este proceso de transición energética los fósiles podrían convertirse en activos obsoletos o inservibles.

El cumplimiento del Acuerdo de París exige que solo un tercio de las reservas de fósiles podría quemarse en el futuro, entendido esto como la cantidad maxima de emisiones de carbono que podremos emitir para mantenernos dentro de los márgenes de seguridad.

Esto se traducirá en un proceso de desinversión en fósiles y reorientación de las mismas en otras fuentes. Lo que debemos tener en cuenta es que este proceso de desinversión no se va a los movimientos sociales o al cumplimiento de los acuerdos logrados en la COP de Paris sino fundamentalmente a cuestiones de orden económico y financiero, pues estamos aquí ante el riesgo de estallido en la burbuja de carbono lo que ocasionaría graves daños en la industria del carbono y consecuentemente perjudicaría a millones de jubilados que invierten en fondos de pensión.

Lo que debemos tener en cuenta es que no hay transiciones puras y mucho menos una hoja de ruta que nos permita llegar hasta el objetivo deseado. Más aun con el nivel actual de crisis climática. La transición energética es por otra parte un concepto en debate. No hay una transición sino diversas, puesto que existen distintos intereses de diverso tipo y por lo tanto hay propuestas de transición energética con objetivos disimiles.

Cada uno de los sectores estudian un aspecto de la cuestión y proponen sus tecnologías como la solución a todo, pero son escasos aquellos que disponen de una visión crítica del devenir, además de totalizadora, pues se requieren conocimientos diversos y además porque las conclusiones a las que se arriba son poco atractivas para las audiencias, como por ejemplo “reducir drásticamente el consumo pues la tecnología por sí sola no resuelve” o “la necesidad de desacoplar el crecimiento del consumo energético” o “reducir el consumo suntuario”, entre otras conclusiones.

Por otra parte desde lo tecnológico los tiempos de transición energética son de mediano y largo plazo dado que el desarrollo de un nuevo patrón energético requiere entre cuarenta y cincuenta años, lo cual se traduciría en la profundización de las asimetrías entre el Norte Global y el Sur Global.

Derivado este escenario por la reticencia del Norte Global para transferir tecnologías y la capacidad del Sur Global para asimilarlas, además de la necesidad exportadora del Sur Global para obtener recursos que requiere para solucionar sus exigencias derivadas de la deuda externa, entre otros necesarios, como disponer de dichos recursos para importar a fin de mantener el sistema en producción.

Se suma a lo dicho las posibles respuestas de una Sociedad ante eventuales restricciones. Este escenario nos puede llevar a otro en que la transición energética en lugar de ser paulatina y ordenada sea caótica, con una dinámica que nos presentara situaciones de restricciones.

El común denominador en todas las propuestas es aceptar que la crisis climática tiene como causal e inicio, en la era industrial y proponen la reducción y eventual eliminación del contenido fósil en la matriz energética de modo de reducir las emisiones de los GEI reemplazándolo por otras fuentes energéticas.

Sin embargo, este planteo como respuesta única deja de lado otros factores como el ambiental (contaminación y reducción de biodiversidad) o el social (modelo de consumo, desigualdades geopolíticas, violación de derechos).

La transición energética puede verse desde la actual estructura de poder concentrado o desde quienes apuestan por una sustentabilidad plena con participación de la sociedad permitiendo el acceso pleno a la energía, de modo que incluya espacios de decisión a la ciudadanía.

Esta opción incluye la autoorganización, autogestión y la autogeneración, entre otros aspectos, cuestionando la energía como mercancía, y fortaleciendo distintas formas de lo público. Lejos de considerar la cuestión energética y climática, en términos distópicos en clave de fatalismo apolítico, debemos entenderlos como el problema político central.

Referencias:
1. La transición energetica en la Argentina- MaristellaSvampa y Pablo Bertinat-compiladores-Siglo XXI
2. Los otros discursos sobre la Transición Energética - 19/04/2022 Javier Revuelta


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