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A casi tres años de gestión del gobierno de Mauricio Macri, la Argentina atraviesa una crisis profunda que incluye alta inflación, endeudamiento externo, caída del empleo, aumento de la pobreza y deterioro del salario real, entre otras cuestiones. Lo que sigue es un resumen de los principales temas que preocupan hoy a la sociedad argentina.

Más de la mitad cree que el Gobierno no logrará controlar el dólar
El 53 por ciento de los participantes en el último sondeo del Centro de Opinión Pública (COPUB) de la Universidad de Belgrano cree que el Gobierno no logrará controlar el precio del dólar. Mientras tanto, sólo el 44 por ciento opina que sí lo hará.
En paralelo, el 70 por ciento de los encuestados considera que el valor de la divisa estadounidense lo afecta algo o mucho en su vida personal. Por el contrario, apenas al 30 por ciento le importa poco o nada el tipo de cambio.

Por otro lado, sólo el 34 por ciento ve posible la hipótesis de que la Argentina sustituya al peso por el dólar como moneda de circulación nacional, al igual que lo hicieron Ecuador o El Salvador. Para el 63 por ciento de quienes respondieron el sondeo esa alternativa es inviable.

Además, el 52 por ciento está en desacuerdo con la solicitud de un préstamo al Fondo Monetario Internacional, mientras que el 46 por ciento considera que fue una decisión adecuada.
“La expectativa de que se resuelva la situación cambiaria es baja. Curiosamente, se dividen en partes iguales quienes creen que el dólar se mantendrá en su valor actual a fin de año, y los que piensan que aumentará. Esto lleva a concluir que la preocupación no es tanto en el largo plazo sino en el corto término”, explica Orlando D’Adamo, director del Centro de Opinión Pública (COPUB) de la Universidad de Belgrano.

El continuo avance del dólar sólo refleja el nivel de incertidumbre que domina la perspectiva económica argentina, alerta el último reporte del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano.

“El dólar es la moneda de reserva por excelencia que utilizan los argentinos para preservar a largo plazo el valor de sus ahorros. Su demanda crece en tiempos de incertidumbre y se aminora en períodos de calma, debido a la experiencia negativa de quienes conservaron sus ahorros en moneda nacional en episodios como el Rodrigazo de 1975, la hiperinflación y el plan Bonex de 1989 o el Corralito de 2001”, indica Víctor Beker, director del CENE.

“Lo excepcional del caso argentino estriba en que no existe ninguna alternativa de ahorro que ofrezca garantías equivalentes al dólar. Frente al desarme requerido por el FMI de la montaña de LEBAC, el gobierno pretendió ofrecer alternativas en pesos: NOVAC, LETES y LELIQ. Pero la preferencia de los ahorristas tiene una sola denominación: el billete verde”, continúa el economista.

“En los tiempos que corren la incertidumbre abarca tanto el plano de la economía como el de la política. ¿Qué pasará con la inflación? ¿Podrá el gobierno cumplir el acuerdo con el FMI? ¿Qué sucederá con el clima y la próxima cosecha? ¿Qué ocurrirá en Brasil y con las exportaciones industriales argentinas? ¿Conseguirá el gobierno el financiamiento necesario para cerrar el Presupuesto 2019? ¿Quién será el presidente del Banco Central a partir de diciembre de 2019? ¿Quién será el presidente de la nación a partir de esa fecha? Son demasiadas incertezas para tomar decisiones de largo plazo”, explica Beker.

Por eso, concluye que hay una sola demanda: “Gran parte de los ahorristas no pide flan, sino dólares. ¿Habrá oferta suficiente para satisfacerlos hasta diciembre de 2019? Esta es otra incertidumbre que se agrega a las anteriores”

Gobierno pone retenciones a todas las exportaciones para recaudar $ 280 mil millones
El presidente Mauricio Macri confirmó que el Gobierno aumentará los impuestos a las exportaciones en el marco de la situación de "emergencia" que atraviesa el país. Con esto, las arcas estatales tendrán un refuerzo en 2019 de $ 280 mil millones.

Dujovne anunció meta de déficit primario cero para 2019: ajuste por u$s 11.200 millones

Estanflación
El gobierno de Mauricio Macri podría enfrentar este año su tercer episodio de estanflación, es decir estancamiento económico con inflación, el peor de los escenarios. Así se desprende del último reporte del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano. De confirmarse, éste sería el sexto episodio de ésta índole desde la crisis de 2001/2002 y el tercero en los dos años y medio de gestión de la alianza Cambiemos.

Según explica el informe, entre fines de 2008 y comienzos de 2009 "mientras los precios al por menor crecían a un ritmo anual de entre 20 y 25% mientras la economía se contraía entre un 3 y un 4% interanual como consecuencia del conflicto con el campo y la crisis financiera internacional". Lo propio ocurrió a partir del segundo trimestre de 2012 y hasta fin de ese año.

“La economía argentina evolucionó con una inflación anual de entre 24 y 25%, mientras se registraba simultáneamente una caída en la actividad del orden del 2-3% interanual. El cepo cambiario instaurado a fines de 2011, la contracción en la industria automotriz a partir de la menor demanda de Brasil y una leve sequía explicaron el retroceso”.

Tras la devaluación de enero de 2014, asimismo, la economía retrocedió durante todo ese año. Lo hizo a una tasa del 3-3,5% interanual, mientras la variación anual de precios se ubicaba en torno al 35%”, destaca el informe. A fines de 2015 se registró un nuevo retroceso en la actividad, mientras la inflación anual superaba el 25%. Estuvo asociado con el recambio de gobierno. Por último, a partir de febrero de 2016 se verificó otra caída en el nivel de actividad que se prolongó hasta mediados del año, al mismo tiempo que los precios crecían a un ritmo cercano al 40% anual.

Acuerdo con el FMI
El actual Gobierno armó una alianza entre el capital financiero internacional (que venía atraído por las altas tasas de interés y por la renta de títulos y acciones) y el sector más concentrado del campo, incluida su comercialización. En segunda instancia dejaba al resto de la burguesía argentina que se beneficiaba con la renta financiera y su conversión a dólares y fuga.

Esa alianza se rompió cuando a fines de abril de este 2018, los grandes operadores financieros encabezados por los mismos bancos que colocan los títulos de deuda argentino en el mundo durante la gestión de Mauricio Macri (JP Morgan, Merril Lynch, Deustche Bank, HSBC, Stanley Morgan, entre otros), decidieron que era momento de irse de la Argentina.

Y ellos compraron dólares baratos (fueron los principales adquirentes de los dólares del Banco Central (BCRA), que les vendió al tipo de cambio oficial haciendo un gran negocio al transformar sus fuertes ganancias en pesos (por que la tasas de interés y las rentas crecieron más que el tipo de cambio en los dos años previos) y pasarse en bandada al dólar, dejando en claro cuál era su único interés en ingresar a la Argentina.

Macri, sin el apoyo externo después que lo usaron, fue a pedir rescate al FMI, pero, como no podía ser de otra manera, las condiciones impuestas son incumplibles, tanto por el nivel de ajuste que se debe hacer en las cuentas públicas de la Nación y en las provincias (que no firmaron el acuerdo y si no todas, la gran mayoría ni fue consultada).

Este ajuste que consiste en despedir empleados públicos y congelar sus remuneraciones, frenar la obra púbica, reducir aún más los subsidios al transporte y a la energía, no tener ni siquiera para abastecer de medicamentos o de instrumental para la salud, degradar la educación pública, no tener ni para pagar la luz o el teléfono de las distintas administraciones estatales.

Mientras, la producción y el comercio sufren confiscatorias tasas de interés, con un mercado que se achica a paso agigantado, con el consabido efecto dominó de la rotura de las cadenas de pago, suspensión de tareas, cierre de establecimientos, suspensión y despido de personal, deudas impagables e incremento de la mora bancaria, etc. etc.

Todo esto para generar un excedente que se convierta en dólares y se emplee para pagar la deuda y demás compromisos asumidos y financiar la fuga de capitales, como nos pasó cada vez que se acordó con el FMI, que siempre significó caída del salario, desocupación, cierre de pequeños y medianos establecimientos, concentración y centralización de capitales y fuga.

La deuda externa pública creció en forma alarmante: en diciembre de 2015 era de U$s 222.703 millones (y la mayor parte era intra sector público) y en diciembre de 2017 (último dato oficial) alcanzó los U$s 320.935 millones.

A esos montos hay que añadir los U$s 15.000 millones de deuda tomados por el entonces ministro de finanzas, Luis Caputo hasta marzo de 2018; y los compromisos asumidos con el FMI de U$s 15.000 millones de dólares más que ingresaron al país el 22 de junio de 2018, pero que se incrementaría en U$s 3.000 millones por trimestre hasta alcanzar los U$s 50.000 millones de deuda con el FMI.

El conjunto de medidas defensivas que viene desplegando el equipo económico que tiene un costo exorbitante en reconocimiento de intereses (tanto en pesos, como la tasa que pagan para renovar las LEBAC; como en dólares), apenas puede frenar la cotización de la divisa y menos que menos, la fuga de capitales.

Desde el 22 de junio de 2018, cuando ingresó la remesa del FMI agrandando las reservas internacionales del BCRA a U$s 63.274 millones, desciende en menos de un mes en U$S 3.353 millones, para pasar a ser de U$s 59.921 millones según el Balance publicado por el BCRA al viernes 20 de julio de 2018

Si realmente al gobierno le interesara lo que produjo el fruto de su alianza económica con el capital financiero y su incapacidad manifiesta para gobernar, que es la depreciación de nuestra moneda en un 75% comparado con un año atrás y su inmediato traslado a los precios de los artículo de primera necesidad, trataría de hacer un acuerdo con las principales empresas del rubro (rubro muy concentrado por otra parte, se sabe quiénes son los formadores de precios del aceite y de las harinas, por ejemplo) y de los grandes centros de ventas.

El acuerdo con el FMI abarca a todas las administraciones públicas, nacional, provinciales y municipales, a todos los servicios (educación, salud, asistencia social incluido el PAMI (obra social de jubilados y pensionados) y los comedores asistenciales, a los servicios básicos de luz, gas, agua, telecomunicaciones, etc.), a la indispensable obra pública en rutas y puentes, cloacas, viviendas, etc.

Pero como el mismo FMI lo reconoce en el informe que hicieron sus técnicos para elevar a su Directorio, conocido como “Staff Report”, publicado en la Argentina el 13 de julio de 2018, donde afirman que:

“El riesgo de la dinámica propuesta por el Poder Ejecutivo de la Nación Argentina reside en caer en un círculo vicioso de más ajuste y menos actividad, que demande nuevos recortes del gasto por caída de ingresos. Es que en última instancia, el cumplimiento de la meta fiscal depende del crecimiento: la economía entró en recesión y no sabemos cuándo saldrá”
O sea, el mismo FMI exige medidas de ajuste del gasto, de la inversión y del consumo que sabe que van a repercutir en un menor nivel de actividad y después dice que si no se cumplen las metas, el gobierno argentino deberá solicitar un waiver (perdón) y con ello el agravamiento de la restricción externa, lo que va a obligar a una nueva reestructuración de la deuda.

En realidad el FMI y el gobierno de Macri saben que el plan es incumplible, pero como no lo pueden aplicar en su totalidad, les va a bastar para despedir gente, disminuir el poder adquisitivo de los salarios, jubilaciones y pensiones.

Corrida bancaria
La corrida cambiaria, que no da tregua desde abril, deja al descubierto la volatilidad de un sistema económico que aparece muy vulnerable

Lo que para otros países de la región generó problemas pasajeros, aquí se ha tornado más grave y constante. Brasil devaluó en lo que va de 2018 un 17,2% su moneda, que no es poco. Pero la Argentina lleva 56,3% en este semestre. Solamente contando junio, la caída del peso fue de 15,9%.

La peor sequía en 50 años ha hecho lo suyo; ahí está una razón de la falta de dólares, y es un tema que en el equipo económico minimizaban explicando que solo afectaría poco más de medio punto del crecimiento proyectado. La realidad es que nadie acierta a dar con las razones concretas de esta crisis interminable, cuando ya todos sugieren buscar en la política.

Fuerte suba del dólar
El salto de la cotización fue del 100% en el último año (el dólar minorista se vende a casi $ 40 pesos). El peso argentino es la moneda emergente más devaluada. Factores locales y externos convergen en la escalada: no es ajeno al salto del dólar en la plaza cambiaria el temor por la desaceleración de la economía doméstica y la creciente aversión global al riesgo, que produce hace semanas una devaluación de las monedas emergentes.

Una escalada del dólar que no parece tener un límite preciso genera a la par una aversión por las inversiones en moneda doméstica. El temor que generó la licuación de capital invertido en las LEBAC en mayo y junio es mayor que el incentivo de tasas de interés que ya superan el 40% anual. Frente a una inflación que también está en ascenso, el dólar, con una ganancia superior al 50% en seis meses, se impuso como inversión ganadora y un refugio ante eventualidades futuras.

Inflación superior al 30%
Entre enero de 2016 y junio de 2018 la inflación en Argentina acumuló cerca de 103%. La corrida cambiaria, la consecuente devaluación y su traslado a los precios, modificaron las proyecciones de inflación anual de todas las consultoras privadas y la del gobierno nacional. A principios de este mes, las nuevas mediciones rondaban del 28 al 32%, en tanto el equipo económico nacional corregía la suya a 27%, pero el pronóstico parece dar cada vez más alto y ya se habla de 35%.

Incremento de tarifas
En solo dos años con Macri, las tarifas de los servicios públicos aumentaron hasta 1.600 %. El Gobierno justificó las subas de tarifas por el atraso tarifario durante el kirchnerismo, pero no investigaron qué pasó con los millones de pesos que en los años anteriores las empresas se llevaron en subsidios, degradando la calidad del servicio. La suba de tarifas provocó una disminución del poder adquisitivo de los salarios. Se estima que más del 40 % del sueldo se destina al pago de servicios públicos, incluido el transporte.

Macri perdió 20 puntos de imagen en nueve meses
En el mes de diciembre, el macrismo tenía el 45 por ciento de intención de voto mientras que la oposición alcanzaba el 38, un superávit oficialista de siete puntos. Ahora tiene un déficit 13 puntos, es decir que se marca un deterioro de 20 puntos en nueve meses. Los elementos claves son la inseguridad, que con la crisis social volvió a trepar a lo más alto de las preocupaciones. Y cerca están el desempleo y la pobreza.

Las conclusiones surgen de un amplio estudio nacional realizado por el Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP), que lidera el sociólogo Roberto Bacman. En total se entrevistaron 1200 personas, respetando las proporciones por edad, sexo y nivel económico social.

En tanto, según un sondeo de la consultora Raúl Aragón y Asociados, si las elecciones fueran hoy, Cambiemos saldría tercero. El 48,1% de los encuestados tienen una opinión mala o muy mala del primer mandatario, superando la valoración positiva, que se ubica en 43,5%.

¿Fracaso político?
¿Cuáles son las razones por las que Macri no avanza en su gestión y que muestran un fracaso en la implementación de sus políticas que han llevado al país a una crisis profunda? Aquí, las principales:

Implementación del gradualismo
El gobierno de Mauricio Macri descartó la posibilidad de un plan de shock y prefirió un esquema “gradual” para salir del esquema kirchnerista. La apuesta a una reducción lenta del déficit, con ayuda de la deuda para cubrir el rojo fiscal mediante endeudamiento y un crecimiento estimado de alrededor del 3 % anual, no funcionó. La suba de tasas en Estados Unidos complicó el financiamiento, las inversiones esperadas no llegaron y Macri se encontró con una corrida cambiaria y pidiendo ayuda al Fondo Monetario Internacional.

Sobredimensión de la confianza para las inversiones
Macri especuló que su figura era suficiente para atraer inversiones masivas. Sin embargo, a pesar de la imagen del presidente argentino en el exterior, la falta de reformas de fondo, la problemática legislación laboral y los altos impuestos hicieron que las inversiones esperadas no llegaran.

Mal uso del endeudamiento
El incremento constante de la deuda externa, que pudo haber sido utilizado para cubrir las reformas de fondo, se terminó usando para cubrir el día a día del modelo gradualista fracasado. Los recursos que, por ejemplo, se podrían utilizar para pagar las indemnizaciones del sector estatal y reducir el gasto público se terminan usando para gasto corriente y para tratar de frenar la subida del dólar todos los días.

Conflicto con el sindicalismo
La CGT se ocupará de mostrar la "otra realidad" que se vive en la Argentina, más allá de los números y el discurso del Gobierno. Mientras el ala moyanista de la CGT prepara un plan de lucha nacional contra el FMI y el "ajuste" incluido en el Presupuesto 2019, el triunvirato de la central obrera y el daerismo se reúnen con los directivos del organismo internacional, todavía de visita en Buenos Aires.

El encuentro fue pactado en junio pasado y estaba previsto para fines de octubre, pero el acelerado desajuste de las variables económicas domésticas obligó a los funcionarios del FMI a adelantar su visita al país. La misión llegó para revisar los números y el cumplimiento de las metas acordadas con el Gobierno.

Los sindicalistas plantearán la necesidad de disminuir el impacto del "ajuste" en los sectores más vulnerables, como desocupados y jubilados; destinar fondos del crédito a inversiones productivas que generen nuevos empleos; proteger los recursos de la seguridad social; frenar el endeudamiento, y "salvaguardar" los niveles laborales actuales.

Caída del empleo
Las expectativas de creación de empleo vuelven al peor nivel de la era Macri.

Los relevamientos oficiales ofrecen un panorama completo de lo que se viene. La Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) difundida por el Ministerio de Trabajo, ubica la creación neta de empleo privado registrado para los próximos tres meses en 3,4%. Se trata del peor dato desde el primer semestre de 2016, el período más oscuro para el mercado laboral en la era Macri. Fue entonces cuando se discutió en el Congreso la ley antidespidos, vetada por el Presidente.

El 8,3% de las empresas tienen expectativas de aumentar la dotación en los próximos tres meses, mientras que el 4,9% prevén disminuirla, lo que arroja una expectativa neta de generación de empleo del ya mencionado 3,4%. En los primeros meses del año, ese número osciló entre el 5% y el 6%, en medio de una desaceleración económica. A fines del año pasado, en los trimestres electorales llegó a picos que superaron el 8%. Un dato relevante es que este mismo indicador entre marzo y mayo de 2017 mostraba números cercanos al 5%.

Aumento de la pobreza
Durante la gestión de Macri, la pobreza creció 4 puntos y llegó al 32,9%.

El estudio, titulado "Pobreza Extrema e Inseguridad Alimentaria en la Argentina Urbana", contempla el período 2010 a 2016, y señala que hubo un aumento significativo de la pobreza e indigencia por ingresos durante el último año y medio, pero sin embargo no ha habido cambios sustantivos en la evolución de la inseguridad alimentaria. Según el informe, se registró en 2014 un 28,7% de pobreza para los aglomerados urbanos en el país, que trepó a 29% en 2015, y finalmente a 32,9% en el último año. En tanto, el nivel de indigencia, que había descendido en 2015 (de 6,4% a 5,4%), creció a 6,9%.

Caída del salario real
El salario real caerá 7% en todo el año y los haberes de prestaciones sociales 8%, pronosticó la consultora Ecolatina. Las expectativas de consumo "no son alentadoras" para el segundo semestre y recién podría recuperarse en 2019
Las expectativas en cuanto al consumo para la segunda mitad del año “no son alentadoras”, debido a “la pérdida de ingreso real de las familias (salarios, prestaciones sociales y empleo) más la elevada tasa de interés” que “generarán una contracción del consumo privado en la segunda mitad del año”.

Producto de la aceleración inflacionaria, esta tendencia se profundizará en la segunda mitad del año provocando pérdidas cercanas al 7%interanual (lideradas por el sector público y, en menor medida, los trabajadores informales). Asimismo, los haberes reales de las prestaciones sociales cayeron 2% interanual en el primer semestre y caerían casi 8% en la segunda mitad del año.

Fuentes: La Nación, Página 12, TELAM, Ecolatina, EconoJournal, OETEC, Ambito Financiero, El Economista

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