Garrafas y combustibles bajo presión: cuánto puede impactar la guerra en Medio Oriente en Argentina
El presidente de Cámara de Empresas Argentinas de Gas Licuado (CEGLA), Pedro Cascales, advirtió que el impacto en los precios locales dependerá de cuánto se prolongue el conflicto en Medio Oriente y de sus efectos sobre el mercado global de petróleo y gas.
La escalada del conflicto en Medio Oriente vuelve a poner en alerta a los mercados energéticos internacionales y abre interrogantes sobre su impacto en los precios de los combustibles y de las garrafas en Argentina.
Según analizó el presidente de la Cámara de Empresas Argentinas de Gas Licuado (CEGLA), Pedro Cascales, el efecto real sobre el mercado local dependerá fundamentalmente de la duración del conflicto y de su impacto sobre la oferta global de energía.
De acuerdo con el dirigente empresario, muchos analistas militares consideran que podría tratarse de una guerra de corta duración. En ese escenario, el impacto en los surtidores y en el precio de las garrafas en Argentina podría ser prácticamente nulo, ya que las actuales subas del petróleo y del gas responderían más a una reacción momentánea del mercado que a un cambio estructural en la oferta global.
Sin embargo, si el conflicto se extiende en el tiempo, la presión sobre los precios energéticos sería inevitable. En ese caso, el impacto no sólo alcanzaría a los combustibles líquidos, como la nafta y el gasoil, sino también a distintos derivados del gas y del petróleo, entre ellos el gas natural, el gas licuado de petróleo (GLP), el butano y el propano.
Uno de los factores clave en este escenario es el rol estratégico del Estrecho de Ormuz, un corredor marítimo por el que circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial y una porción significativa del comercio de gas natural licuado (GNL). Parte de sus costas se encuentran bajo control de Irán, lo que lo convierte en un punto extremadamente sensible en cualquier escalada bélica en la región.
La reducción o interrupción del tránsito de buques en esa vía genera una menor oferta global de hidrocarburos y, como consecuencia, subas en los precios internacionales. Cuando la circulación marítima se normaliza, esos valores suelen regresar gradualmente a niveles más cercanos a sus promedios históricos.
En el caso argentino, particularmente en el mercado del GLP utilizado en garrafas, el traslado de estas variaciones internacionales suele ser más gradual. Esto se debe a que el país utiliza referencias de export parity, que toman promedios de precios internacionales de los últimos 90 días, lo que amortigua las fluctuaciones bruscas.
Distinta es la situación de los combustibles líquidos —nafta y gasoil— donde el vínculo con los precios internacionales suele ser más directo y, por lo tanto, más sensible a la volatilidad del mercado global.
Aun así, Argentina cuenta con una ventaja relativa en este escenario. El país dispone de producción local excedentaria en la mayoría de los derivados del petróleo y del gas, con excepción del gasoil, lo que reduce la dependencia de importaciones y de los costos logísticos internacionales.
En contextos de conflicto, los fletes marítimos suelen encarecerse, lo que también presiona sobre los precios. Ese fenómeno impacta especialmente en economías altamente dependientes de importaciones energéticas, como China, uno de los mayores demandantes de combustibles provenientes de Medio Oriente.
Un congreso clave en medio de la tensión energética
En este contexto internacional, Buenos Aires será sede del 39° Congreso de la Asociación Iberoamericana de Gas Licuado de Petróleo (AIGLP), que se realizará del 24 al 26 de marzo y reunirá a representantes del sector energético de más de 20 países.
El encuentro, que tendrá lugar en el Hilton Buenos Aires, convocará a unos 2.000 participantes, entre empresarios, autoridades gubernamentales, técnicos y especialistas del mercado de GLP.
Durante las jornadas se analizará el impacto de los conflictos internacionales sobre el mercado energético global, incluida la actual crisis en Medio Oriente y otros factores geopolíticos que influyen sobre el comercio de hidrocarburos.
Además, se debatirán los desafíos del sector, las tendencias tecnológicas y el rol estratégico del gas licuado de petróleo en la transición energética.
Un combustible clave para millones de argentinos
El gas licuado de petróleo es el segundo combustible más utilizado en el país después del gas natural. Según datos del censo nacional, más del 46% de la población argentina —unos 20 millones de personas— utiliza garrafas para cocinar o calefaccionarse.
En algunas provincias del norte y el noreste del país, como Corrientes, Chaco, Misiones, Formosa y La Rioja, la dependencia de este combustible supera incluso el 80% de los hogares.
A pesar de esa fuerte demanda interna, Argentina registra superávit de producción de GLP, con alrededor de 2,7 millones de toneladas anuales, un volumen que se obtiene principalmente de la separación de líquidos del gas natural y de la refinación del petróleo.
El crecimiento de la producción de hidrocarburos en Vaca Muerta podría ampliar aún más esa disponibilidad en los próximos años, consolidando al GLP como un recurso estratégico dentro de la matriz energética nacional.
En un mercado global cada vez más sensible a los shocks geopolíticos, Cascales subraya que el factor decisivo no será la coyuntura inmediata, sino la duración del conflicto. El mercado energético, advierte, suele reaccionar con fuertes movimientos iniciales, pero también tiende a encontrar nuevos equilibrios cuando la situación internacional se estabiliza.
Nota: Artículo publicado por Daniel Barneda en El Economista.
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