Vaca Muerta: el modelo que quiere imitar toda Latinoamérica
Expertos internacionales reunidos en Buenos Aires advirtieron que la transición energética avanza más lento de lo previsto y que América Latina emerge como el nuevo epicentro de inversiones, producción y seguridad energética global. Vaca Muerta aparece como uno de los grandes protagonistas del cambio.
Mientras Europa enfrenta problemas de abastecimiento, China acelera su electrificación y las tensiones geopolíticas vuelven a condicionar los mercados, América Latina emerge como uno de los principales ganadores del nuevo mapa energético global.
La conclusión atravesó la primera jornada de la Conferencia Arpel 2026 y quedó sintetizada en una frase que resonó entre ejecutivos, funcionarios y analistas: el mundo seguirá necesitando petróleo y gas durante mucho más tiempo del que preveían los defensores de una transición acelerada.
El diagnóstico más contundente llegó de la mano de Daniel Yergin, vicepresidente de S&P Global y una de las voces más influyentes de la industria energética mundial.
El especialista advirtió que el escenario internacional ingresó en una etapa de creciente incertidumbre, marcada por conflictos geopolíticos, mercados más volátiles y una transición energética que avanza a un ritmo inferior al esperado.
"No podemos decir que habrá cero emisiones netas en 2050 porque eso no es realista", afirmó Yergin, quien además sostuvo que petróleo y gas continuarán ocupando un lugar central en la matriz energética global durante las próximas décadas.
Según el analista, el tablero energético mundial está cambiando de eje. La producción de hidrocarburos comienza a desplazarse hacia América Latina, impulsada por el crecimiento de Brasil, Guyana y Argentina.
"Esta es una oportunidad para América Latina", aseguró, al señalar que la región se transformó en uno de los principales destinos de inversión para una industria que busca diversificar riesgos y garantizar seguridad energética.
El mensaje encontró eco inmediato entre los referentes regionales. Bob Fryklund, vicepresidente y jefe estratega del Upstream de S&P Global, sostuvo que gran parte del crecimiento de la oferta energética global proviene actualmente de Latinoamérica.
Martín Terrado, presidente de Arpel y COO de GeoPark, fue aún más contundente: "Esta está llamada a ser la década de América Latina".
Dentro de ese escenario, Argentina aparece como uno de los grandes protagonistas. El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, aseguró que el desarrollo de Vaca Muerta y los proyectos de gas natural licuado (GNL) permitirán multiplicar las exportaciones energéticas del país.
"Argentina va a ser uno de los mayores exportadores de energía del mundo", afirmó. El ejecutivo proyectó exportaciones por hasta US$ 20.000 millones vinculadas al GNL y anticipó que YPF podría duplicar su tamaño en los próximos años, apoyada en el crecimiento de la producción no convencional.
Pero el impacto de Vaca Muerta ya trasciende las fronteras argentinas. Durante uno de los paneles más esperados del encuentro, ejecutivos de la industria coincidieron en que la experiencia neuquina se convirtió en un modelo para otros países de la región que buscan desarrollar recursos shale.
"Lo que da Argentina es un ejemplo que uno podría aplicar en otros países de América Latina", sostuvo Ignacio Mazariegos, director de la unidad de negocios de GeoPark Argentina. Según explicó, el principal aprendizaje es haber demostrado que un proyecto de escala mundial puede desarrollarse bajo las condiciones económicas, regulatorias y sociales de la región.
La posibilidad de replicar el modelo aparece especialmente atractiva para países como Colombia, donde los recursos convencionales muestran señales de agotamiento y los no convencionales podrían convertirse en una herramienta para recuperar la autosuficiencia energética.
Sin embargo, los especialistas coincidieron en que el desafío ya no pasa únicamente por los recursos. Infraestructura, competitividad, licencia social y estabilidad regulatoria aparecen como factores decisivos para capturar las inversiones que busca la industria.
Desde Tecpetrol advirtieron que los costos de perforación en Argentina aún se ubican cerca de un 45% por encima de los de Estados Unidos, mientras que autoridades de Neuquén remarcaron la necesidad de ampliar infraestructura y coordinar el crecimiento de la actividad para sostener la expansión de Vaca Muerta.
El trasfondo de todas las discusiones fue la creciente preocupación global por la seguridad energética. Con conflictos abiertos en Medio Oriente, una Europa vulnerable y mercados sometidos a fuertes tensiones, las grandes economías vuelven a priorizar el acceso confiable a la energía por encima de los objetivos más ambiciosos de descarbonización.
La conclusión de Arpel 2026 fue tan clara como incómoda para algunos sectores: la transición energética continúa, pero el petróleo y el gas están lejos de desaparecer. En ese escenario, América Latina dejó de ser una promesa y comienza a posicionarse como uno de los grandes centros de poder energético del siglo XXI. La pregunta ya no es si la región tiene la oportunidad. La discusión pasa por saber si será capaz de aprovecharla.
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